lunes, 17 de agosto de 2015

SANGRE DE BESTIA

 
Anfritrión:  Sredni Vashtar


                             El Comentario  de  Cine
                                    
                                      de 


                           Sredni Vashtar


           Sangre de  Bestia


                                   
En la  época del liceo,  uno de mis más arraigados pasatiempos era arrancarme al cine para pasar  un buen  rato.  Mi favorito era el “Teatro Chile” en Recoleta, Santiago. En una de tantas  funciones, con triples muy baratos, tuve  el gusto (¡Y susto!)  de  ver una  de  las  3  películas  que me han  hecho cerrar los ojos, a saber, “Sangre de Bestia” (The Beast Within). Este terrorífico filme dirigido Philippe Mora nos adentra en la  horrible  historia de  una  venganza perpetrada  por  un ser que  alguna  vez fue humano. En efecto,  al principio  de  la  película se ve  cómo  una “cosa” sale de un sótano y se pierde en un fondo bosque por el que para su mala suerte acierta a pasar una pareja de recién casados. La “cosa”  abusa sexualmente de la joven y muere allí mismo.  Esta muchacha queda embarazada del ser y meses luego da a luz a un niño aparentemente normal. Sin embargo, con los  años este  joven  empieza  a  sufrir un extraño mal  que lo tiene siempre al borde de la  debilidad, como si no se alimentara. Lo cierto es que toda  su fisiología estaba cambiando para  convertirse en  caníbal, pero específicamente  de  la  carne  de  aquellos que le hicieron un mal tanto,  o más horrible, a su padre biológico (la cosa),que  la  bestia en la que se  ha  convirtió.


  Esta cinta basada en la novela homónima de  Edward Levy,  ha sido subvalorada  por  los cinéfilos llegando incluso  como una de las peores películas de terror de los ochenta. Primero, hay que  reconocer  que  tuvo mala suerte ya que, al menos en Chile se le  exhibió junto con  “El Amanecer de los Muertos” lo que inmediatamente  le  bajó puntajes entre  el público. Segundo, la dirección no dejó espacio a grandes actuaciones, considerando no obstante que contaba con un elenco al que  le  podía sacar bastante trote. Tercero, apenas  si se  deja algún espacio para la historia del  “monstruo-padre”, situación que conoces sólo por la confesión que  van  haciendo las  víctimas en la medidas que son devoradas por el “monstruo-hijo”. Lo que sí, y pocos son los que lo discuten, la escena de la transformación es  una de  las mejores de todos los tiempos y merece un capítulo aparte, de hecho desde allí,  ya el horror deja atrás las últimas cadenas que lo ataban.




Volviendo a ver esta película recordé otra, igual de inquietante, de la productora inglesa Hammer: “La Maldición del Hombre Lobo”, dirigida por Terence Fisher, donde hay algunas  interesantes similitudes. Un sujeto encarcelado por años tratado peor  que  a  un animal; este  sujeto abusa  de  una  jovencita de la que sale, igualmente,  un niño normal; en la  medida  que  crece se va delatando su naturaleza salvaje, violenta y furiosa. Ya adulto, por las noches, se  transforma en una  bestia  asesina.






En su momento la  novela de  Levy contó con bastante  fama  y aunque  luego  cayó en el olvido, todavía se  puede ver  por  ahí en una edición en español de Planeta  ¿Será la  hora de  rescatar del olvido  a este  filme y su novela? Pues  considerando que para muchos hay  cintas  harto menos  talentosas   que  se  sobrevaloran  más  por  ideología que por buen  criterio, creo que  es  tiempo  de  darle  una segunda  y tercera  oportunidad a  "Sangre de  Bestia" (The beast Within).



Si pueden, atrévanse  con  este pedazo de  película.

Para  más  información, fotografías  y descargar la  peli  Pinche aquí


lunes, 10 de agosto de 2015

FERIA DEL LIBRO INDEPENDIENTE Y AUTOGESTIONADO


Anfitrión: Tally Man





La Noticia de Momento  
con  el Aterrador  



TALLY MAN







FERIA DEL LIBRO  INDEPENDIENTE
 Y AUTOGESTIONADO



Salón de  Eventos
Como  en una  sopa  primaria,  bullían  ideas,  se  oían  murmullos   y hasta  por  ahí, algún quejido de orgásmica  resonancia intelectual,  todo esto, y mucho más,  en un espacio reducido para tanta pasión, en especial cuando  el genio  desborda y las  ganas  se alborotan. Nos referimos  a  FLIA, es decir,  Feria del Libro Independiente  y Autogestionado, evento  que  se  realizó  en el Centro cultural “Alameda” (ex-Normandie)  donde  se  dieron  cita lo mejorcito  que  va  quedando del amor  a  la  lectura  “alternativa”  de  calidad  desafiante  y precios de  buen  gusto, que  dejan  un  satisfecho buen  sabor  en el bolsillo.   Entre  el  25 y el 28  de  julio  se reunieron  algunas  de  las  editoriales y distribuidoras independientes, ajenas  al establishment  de los programas de variedades matutinas,  o  de las recomendaciones  dulzonas  de  celebridades  mediáticas  venidas a  locutores de  emisoras con programación zombírica.  Nombres como “Gato Jurel” , “Ajiaco”, “Los  Perros  Románticos”, “Ediciones  Tajamar”, “Libros de Mentira”, “Imbunche Ediciones”, “Mujer  Rota”, “Chancacazo”, “Caja Desastre” y hartazo más, (lista que  pondré  más  delante) son los  quijotes sacarroncha  que se  juntaron para demostrarnos  que  el libro sigue  actual y que  hay  escritores  además  de  la  lista  oficial  del Mercurio (de  la  que, en todo caso, no hace  nada de  mal formar parte) y sobre  todo,  hay  lectores  dispuestos a pagar lo razonable.
De Izquierda  a  derecha: Pablo y Miguel,
Editor y Escritor respectivamente.
Lo  que  impresiona  y enorgullece  de eventos  como FLIA es que no se  trata de  ganar  las  lukas solamente (que  nunca  están  de  más), sino más bien de  la  emoción  prometeica de  hacer  algo  por el  placer  mismo  de  hacerlo  con el  picante  extra de lo desconocido.  Son aquellos  que  podrán contarles  a  sus   hijos y nietos que se  la  jugaron  por  una editorial, justo cuando las  gigantes empezaban  a  ceder (como la recordada  Editorial “Andrés  Bello”),  mientras  que la mayoría con suerte  podrá  narrar  las  hazañas de “otros” en tal o cual partido de  mal deporte  y peor ejemplo. NO, acá se  pudo ver a  una  generación de hombres  y mujeres cuya cultura  se  alimentó desde chicos  de  una  televisión  marcada  por  las  series  japonesas como Centella, Candy, Marco, Festival  de Robot, del kaijunesco  Ultramán,  Ultra 7 y Robot Gigante; con  propuestas   dignas  del mejor  realismo mágico como el inefable  Míster  Magoo;  de  los SuperAmigos,  Batman, Spawn, y Robotech. Pero también de un cristianismo  antidictadura, de  una  izquierda  consecuente  y culta; leyeron al   irrenunciable  Lovecraft,  al triste Poe,  a  K. Dick reciclado, a Tolkein sin intermediarios  y a Frank Herbert  ladríllico y triloginesco. Gente que  logró ir  al cine  Plaza y ver “Fuerza  Siniestra” o “Blade  Runner”, antes  que  se  convirtiera  en un triple  X  decadente; locos  que  coleccionaron el “Inglés  Junior”  pero que  no pasaron  de  estudiar  la  primera  casete;  o que  todavía buscan  el tomo  que  les  falta de  la  Enciclopedia  Salvat; o que  alcanzaron  a escuchar cantar  a  la  Capri en alguna  peña  de  protesta. Son los que se asustaban  con el Doctor  Mortis, Lo que  cuenta el Viento,  La  Tercera  Oreja; los que  rieron con Residencial la  Pichanga, Hogar  Dulce  Hogar, La Bandita de  Firulete, Radio Tanda y con un Condorito  con Pepo tras  el pincel.  Son los  que  coleccionaron álbumes,  alcanzaron a  dar vuelta  el Long Play, que se dieron el tiempo  de  copiar  de  VHS a VHS,  que se  emocionaron con las  tramas  de Moya Grau y los  mojó  el Guanaco cuando  todavía era de  temer… son los que... bueno, perdón…, volviendo a  FLIA…

En esta variopinta asamblea de  editores, escritores  y lectores ( y algunos  mirones), los  temas   transversalizaron   los  tópicos  más diversos con los  recursos que nuestra querida  lengua, la de  Cervantes, Vargas  Llosa  y  Redolés,  nos  puede entregar: poesía, crónica, ensayo, crítica, novela, cuento, noticia,  libretos,  comentarios y otras formas que  desde  hoy comenzarán  a  verse. La historia, la religión, la ficción,  la ciencia ficción, el terror, el misterio, el humor, no estuvieron  ausentes en las estanterías  y mesones de exhibición, así  que  del todo nutrido estuvo el mundo  de  debates  y  conversaciones que  se  sucedieron en estos  días  de   compartir  proyectos  y lecturas. 
Esperamos  que  pronto se nos comunique  la  noticia  de  un nuevo evento  en que las  utopías  y el éxito  se   den la  mano, mira que  la  larga  vida  y la  prosperidad  juntas  a  nadie  les viene  mal.  ¡Enhorabuena!

Dios los cría  y el diablo los junta:
los escritores Teobaldo Mercado y Miguel Acevedo
(Participantes de FLIA:  Aguila Azul, Ajiaco, Ediciones Askasis, Austrobórea, Biblioteca de Chilenia, Caja Desastre, Chancacazo, Das Kapital Ediciones, Desbordes, El Asunto (Argentina), Eleuterio, Emergencia Narrativa, Emporio Gráfico, GatoJurel Ediciones, Guillermo de Posfay (Argentina), Imbunche Ediciones, Joyas de Papel, La Mujer Rota, Ediciones Polla Literaria, BuenDía, Libros de Chilevisión, Libros de Mentira, Los Perros Románticos, Milena Caserola (Argentina), Mythica Ediciones, Nadar Ediciones, Narrativa Punto Aparte, Oxímoron, Playbooks, Sherezade, Subterranea, Editores Tajamar, Virtual,  Visuales)

jueves, 23 de julio de 2015

LA CIUDAD BAJO EL MAR

Anfitrión:  Infinata
La Ciudad  bajo  el Mar





En la  infancia de muchos, seguramente  se  encuentra  el recuerdo de una película alucinante que trata de unos marineros  que  sobreviven en las profundidades del  mar. Estos  pueden  vivir  muchos  años  ya  que las condiciones de  ese ambiente  es  más  puro y así su cuerpo casi no envejece. Esta bella  película se  llamó  en español “Los  Dioses de  la  Guerra y  del Abismo” dirigida  por Jacques Tourneur con la  flamante  actuación de  Vicent Price. Un film  muy entretenido  que  trataba de  emular  las  producciones  basadas  en los  cuentos de  Edgar Allan  Poe.  
Me encantaba  esa  película  y   no me  la  perdía  cada  vez  que  la  transmitían  por  la  TV. Sin embargo, no  era  ni la  acción  ni la  trama o los  personajes  lo que  más  me  atraían de  ella, sino  cierto momento en el que se  recitaba  un poema de Poe: “La Ciudad  Bajo  el mar”. Recuerdo que  cuando pude,  muy niño, escribía  lo que  podía atento a lo que decía, y  después, con los  años,  grabé  el  momento y pude  repetirlo hasta  aprenderlo de memoria.  Mucho tiempo después,  encontré  una  antología  de  la  poesía de  Poe y el primer  poema que  busqué  fue  “La  Ciudad bajo  el Mar”. Aunque  me  parece  igual  más  bella la adaptación para  la  película, dejo  acá  la versión que  hallé  en  el libro:


La Ciudad  en el Fondo del Mar

¡Mira! La muerte se  ha izado un trono
En una extraña y solitaria ciudad
Allá lejos en el sombrío Oeste,
Donde  el bueno y el malo y  el mejor  y el peor
Han ido a  su reposo eterno.
Allí capillas y palacios y torres
(torres devoradas de tiempo que no se estremecen)
No se asemejan  a nada que sea nuestro.
En los alrededores, olvidadas por vientos inquietos
Resignadamente bajo el cielo
Las melancólicas  agua  reposan.

No bajan rayos de  luz del santo cielo
A esta ciudad de  la eterna noche.
Pero una luz interior del lívido mar
Proyecta silenciosas torrecillas
-resplandecen los pináculos por todas partes-
Cúpulas-agujas, salones reales,
Pórticos, paredes estilo babilónico,
Sombrías y olvidadas glorietas
De hiedra esculpida y flores pétreas,
Y muchos, muchos maravillosos santuarios
Cuyos ensortijados frisos entrelazan
La viola, la violeta y vid.

Resignadamente bajo  el cielo
Las  melancólicas aguas reposan.
Tanto se  mezclan allí las torres y las  sombras
Que  parecen péndulos en el aire
Mientras que desde una altiva torre en la ciudad
La muerte mira hacia abajo como desde una enormidad.

Allí los tiempos abiertos y las  descubiertas  tumbas
Bostezan a nivel con las luminosas olas,
Pro no las riquezas que allí yacen
En cada uno  de  los ojos de  diamante del ídolo
-los  muertos  alegremente  enjoyados
No tientan las  aguas  sobre sus lechos-;
Pues  no  se  rizan  las  olas, ¡ay!,
En este desierto de  cristal-.
Ninguna agitación dice que los vientos pueden estar
En algún mar lejano y más feliz-.
Ninguna ola sugiere que los vientos han estado
En mares menos espantosamente seremos.

¡Pero, mira! ¡Algo se agita en el aire!
La ola. ¡Hay  un movimiento allí!,
Como si las  torres se  hubieran apartado,
Sumergiéndose lentamente, la lenta marea,
Como si sus cimas débilmente hubieran dejado
Un vacío en el brumoso cielo.
Las  olas tienen ahora un brillo rojizo
Las  olas  respiran desmayadas y lentas.
Y cuando ya no hay lamentos terrenales
Baja, baja esta ciudad hasta donde se quedará desde ahora.
El infierno, elevándose desde mil tronos,
Le hará reverencias.


Edgar Allan Poe, Ediciones 29, pag 61-62

miércoles, 22 de julio de 2015

EL ANTICRISTO I

Anfitriota:  Hildegard von Bingen
Quiero comenzar estos post  relacionados  con  las  fuerzas  espirituales  que  mueven lo humano  con una rúbrica instalada en el inconsciente colectivo  de  occidente, aunque  el mundo musulmán tiene  su equivalente: El Anticristo, una figura extraña pero a la  vez  seductora que  molesta a cierta  teología  moderna, pero que algunos pensadores han  sabido  entender en  su misterio e  importancia,  no sólo a cierta categoría mítica de alguna fe religiosa,  sino como una comprensión de  la  Historia, proveniente de una fe religiosa. Entendido así, la  Categoría "Anticristo" representa  un punto de  vista  válido par comprender  no sólo a  la fe  que la engendra, sino también a los análisis realizados  desde  esa  visión.  Nos  hallamos pues, frente a una forma de teología de la Historia, que, como tal, nos entrega  sugerente  información sobre  las bases filosóficas que la sustentan. Para  algunos puristas esto no tendría  que  ser  admitido de  ninguna  manera  en ninguna  concepción de  la  Historia, sin embargo, en la  nada  desdeñable época de tolerancia "pluralista", no laica, el presente  intento de  comprensión  intrahistórica es totalmente  válida.

El primer artículo pertenece  al filósofo y teólogo alemán Josef Pieper,


   
SOBRE EL ANTICRISTO

Fragmento del Capítulo III de "El fin del tiempo", Barcelona, Herder, 1984.  

"No cabe mencionar ningún lapso, ni pequeño ni grande,
tras el cual haya que esperar el fin del mundo".
 Santo Tomás de Aquino, "Contra impugnantes Dei cultum et religionem", 3, 2, 5; nº 531.
                                                                                 
                                     


(Fragmento) 
 1. En la tradición del pensamiento occidental acerca de la historia, el estado final intratemporal tiene sobre todo un nombre: reinado del Anticristo. Es necesario, por tanto, interpretar con la mayor precisión posible el sentido de tal expresión.
En principio el nombre de "Anticristo" tiene un cierto eco extraño para el oído moderno. Pero lo que tal nombre connota y señala de realidades intrahistóricas sí que le es perfectamente familiar y bien conocido al hombre contemporáneo. Aunque por ese "hombre contemporáneo" no se ha de entender ciertamente toda persona que vive hoy en cualquier parte del mundo, sino más bien quien con el sentido despierto y diríamos que desde dentro ha conocido y vivido las últimas cosas ocurridas en la historia humana (los regímenes totalitarios, la "guerra total").
En la historia espiritual de la "edad moderna" ha sucedido con la representación del Anticristo lo mismo que con la representación de un estado final intrahistórico y catastrófico. Todo ello pasaba por ser simplemente "la más tenebrosa edad media". Veinte años después de la Historia de la humanidad de Iselin, coetánea de la Crítica de la razón pura de Kant, publicó el suizo Corrodi una Historia crítica del quiliasmo (1781-1783), en cuyo prólogo se dice que "la historia de la exaltación es útil porque preserva de recaídas", además de que proporciona "abundante material para la diversión". Entre tanto esa falta de presentimiento reflexiva e ilustrada ha asumido más bien un carácter patético. Lo mismo puede decirse de la teología, incluso de la teología perfectamente eclesial y ortodoxa de aquella época, que suele poner todo el empeño en suscitar una actitud marcadamente ilustrada frente a las "antiguallas" de la concepción medieval del Anticristo, para lo cual se aducen argumentos muy "modernos". Así, un historiador de la Iglesia tan importante con Döllinger alude a la "ampliación geográfica del horizonte" para explicar lo difícilmente imaginable que resulta una persecución de la Iglesia a escala mundial; para Döllinger es "algo casi inconcebible (...) un poder mundial que pudiera acabar al mismo tiempo con todas las Iglesias en todos los continentes y en las islas todas". Entretanto, ese "algo inconcebible" se ha convertido en algo evidente a todas luces para el hombre contemporáneo. Difícilmente habrá ninguna otra cosa con perspectivas de funcionar tan bien como esa simultaneidad de acontecimientos, debida a la técnica, en todos los puntos del planeta, incluidas las "islas". Sobre todo hoy ha desaparecido por completo la divertida superioridad que el siglo de la Ilustración adoptó frente a las representaciones medievales sobre la crueldad del régimen del Anticristo, que se rechazaban sin más como fantasías primitivas. Sin embargo, "después de Auschwitz", por ejemplo, el hombre sólo puede comprobar con sentimiento que de manera extraña allí hay "algo cierto", que, según la tradición medieval, el Anticristo lleva consigo un horno de destrucción, una representación que el reportero ilustrado encuentra tan primitiva como divertida.
2. ¿Qué es, pues, lo que en concreto afirma la representación del "reinado del Anticristo"? Se ha dicho que cuanto más afecta una cuestión filosófica a la historia, tanta mayor necesidad tiene el que pregunta de volver a la teología. Y también se puede decir otra cosa, y es que cuanta mayor relación tiene un concepto teológico con las últimas cosas, con la realización de sentido de la historia, con el fin, tanto más se pone con él en juego la teología toda. Lo cual, aplicado a nuestro tema, significa que una interpretación recta del concepto "reinado del Anticristo" supone que se entienden de una manera adecuada todos los conceptos básicos de la teología o, más bien, todas las realidades fundamentales de la historia de la salvación.
Supongamos, por ejemplo, el convencimiento de que hay poderes demoníacos en la historia. Eso no se puede entender en un sentido periodístico vago. "¿ Hay quien crea realmente que existen "asuntos caballares" pero que no existen caballos, o que existen cosas "demoníacas" pero no existen demonios?". A esa pregunta de Sócrates se podría responder que sí, que realmente hay gentes que hablan de cosas y hombres demoníacos pero que jamás admitirían que existen demonios. La expresión "poderes demoníacos en la historia" afirma que hay demonios, seres espirituales puros, ángeles caídos, que intervienen en la historia humana. Y no es precisamente que se haya de concebir al Anticristo como un ser demoníaco puramente espiritual; no es eso. Sino que con ello ese fenómeno se puede entender como perfectamente posible; para poder decir lo que es realmente el Anticristo, hay antes que aceptar la existencia de "el maligno" como puro ser espiritual, y desde luego como un ser que tiene poder en la historia, más aún como "el príncipe de este mundo", al que con una fórmula extrema se le llama también "el dios de este mundo" (2 Cor, 4, 4). (La interpretación teológica del depósito tradicional no nos proporciona aquí representaciones suficientemente elaboradas, y
menos aún por cuanto respecta al dominio de la historia por parte del "príncipe de este mundo", acerca de cuya designación Raïsa Maritain dice con razón que difícilmente puede tratarse de una simple "ironía divina el que Cristo no haya corregido en modo alguno al tentador, cuando le muestra los reinos de la tierra con su gloria y le dice: "Todo esto me ha sido entregado y yo lo doy a quien quiero" [Lc., 4, 6], como tampoco el que, según la carta de Judas [9], ni siquiera Miguel osase pronunciar un juicio condenatorio contra Satán"). Es necesario ante todo reflexionar sobre el concepto de "espíritu puro" con todas sus consecuencias posibles, por difícil que naturalmente siga siendo para nosotros el representárnoslo. De otro modo erraríamos la categoría y la superioridad ontológica, tanto por lo que se refiere a la inteligencia como a la energía de la voluntad, que hay que atribuir a esos poderes demoníacos de la historia, y a cuyo servicio hay que imaginar al Anticristo. No es que el "príncipe de este mundo" sea el señor de la historia; pero, según la fórmula de Theodor Haecker, "él acelera su marcha, y ése es el acontecer en parte manifiesto y en parte secreto de nuestros días como de los días todos del mundo entero". ¡Incuestionablemente eso supone una agravación inaudita de toda la filosofía de la historia! Sin embargo, y habla una vez más Theodor Haecker, "el verdadero pensador e investigador a nada tiene tanto miedo como a dejar algo del ser; ...la ruina de la filosofía europea de la historia... fue el haber perdido ese miedo saludable".
Además, no se comprende nada de la representación tradicional del Anticristo, si al mismo tiempo no se piensa que existe una culpa, ocurrida al comienzo de los tiempos y que ha actuado en el tiempo histórico, que existe un pecado original y hereditario. Aunque, por una parte, aquí se trata de un misterio en sentido estricto, que nunca se podrá dilucidar o entender, por otra parte, sin tal supuesto la historia adquiere un carácter de absurdo. Pero en ningún caso se puede refrendar la representación tradicional del Anticristo sin ese supuesto, pues que el Anticristo se concibe como la manifestación de la radicalización extrema de la "discordia" que por el pecado original ha entrado en el mundo histórico.
Asimismo la concepción cristiana del "reinado del Anticristo" no se puede comprender, si al mismo tiempo no se reconoce que el pecado original ha sido superado por el Logos hecho hombre, que también y precisamente es el vencedor del Anticristo. No se entiende nada del Anticristo si, pese a todo su poder en la historia, no se le reconoce como a alguien que en el fondo ya está vencido.
Es necesario, además, tener una concepción adecuada de lo que es un "mártir" y de lo que en el fondo significa el testimonio de sangre. Cuando, por ejemplo, E.R. Curtius en un estudio sobre la Doctrina histórica de Toynbee habla de las Iglesias cristianas y plantea la pregunta de: "¿Están reservadas para un martyrium que pueda salvarnos de la tecnocracia?", la primera parte de dicha pregunta responde por completo a la situación interna del estado final; mientras que la parte segunda de ese interrogante -si el martirio de la Iglesia puede salvarnos (realmente ¿ a quién?) de la tecnocracia- parece indicar en su forma de oración de relativo que los factores de la situación escatológica están vistos en principio de una manera falsa,
hasta el punto de que tampoco la figura teológica del Anticristo, aun en el caso de que pareciera un pretexto, no se puede entender adecuadamente como una figura especial que esos factores introducen en el juego de fuerzas históricas.

 3. Y una vez más nos preguntamos: ¿qué sentido tiene la representación del reinado del Anticristo como estado final intrahistórico?
Se dice ante todo, per negationem, que el verdadero tema de la historia universal no es simplemente, en fórmula de Goethe, la fe y la incredulidad y la lucha entre ambas, sino que de una manera mucho más concreta ese tema es la lucha en torno a Cristo. Si realmente la figura que domina el escenario de la historia al final del tiempo es el Anticristo, quiere decirse que el actor principal de la época última es inequívocamente un personaje referido a Cristo. Cabe suponer que tal afirmación sonará en los oídos del hombre contemporáneo (en el sentido antes explicado) con mucho mayor sentido y verosimilitud que en los oídos de un liberal "cristiano" del siglo XIX. Con ello se dice que la historia no se desarrolla en el terreno neutral de la "cultura", de las "realidades culturales"; más bien podría "ser la "neutralidad" del liberalismo frente a Cristo un mero estadio de transición". En el siglo XIX tal vez pudo parecer que el cristianismo se iba olvidando sin más poco a poco, que en el mundo iba a imponerse una cultura meramente profana, entendido el "profana" en el sentido de neutralidad, hablando del cristianismo ni de un modo positivo ni tampoco negativo. Quizás esa opinión pueda prevalecer todavía hoy, por cuanto que están en tela de juicio los campos de lo "cultural" no directamente "existenciales", medios y no obligatorios (literatura, arte, circenses, economía). Mas tan pronto como esos campos de la categoría existencial se someten al ejercicio del poder político, de inmediato se habla de forma explícita y hasta casi exclusiva del cristianismo; y desde luego como de un poder de la résistance, del "sabotaje". Dicho en lenguaje cristiano: se habla del cristianismo como de la ecclesia martyrum.
"Predicación del Anticristo" de Luca Signorelli
Así como el mártir, hablando en un sentido intrahistórico, es una figura de orden político, así también el Anticristo es una manifestación del campo político. No es algo parecido a un hereje, a un disidente, que sólo tenga importancia dentro de la historia de la Iglesia mientras que el resto del mundo no necesita tener noticias de él. La potentia saecularis, el poder mundano sería -según lo afirma Tomás de Aquino- el verdadero instrumento del Anticristo, que es por esencia alguien dotado de poder. Los tiranos y gobernantes violentos, que persiguen a la Iglesia serían -y continuamos citando al Aquinatense- los representantes (quasi figura) del Anticristo. A éste, pues, no se le concibe al margen del terreno histórico, sino que más bien es una figura eminentemente histórica, toda vez que la historia es primordialmente historia política. Con ello se dice simultáneamente otra cosa, a saber: que el fin no ocurrirá en el sentido de un caos, en el que una multitud de potencias históricas se enfrentan entre sí, llegando paso a paso por ese camino a una disolución general de los entramados y estructuras, produciendo al final una especie de descomposición. Sino que al final habrá una figura soberana dotada de
un poder inaudito, y que bien mirado no establece un verdadero orden. Al final de la historia se impondrá un pseudo-orden sostenido por un abuso de poder. Que el nihilismo, al que caracteriza "la relación con el orden" a diferencia del anarquismo, "más difícil de descubrir porque se camufia mejor" -siendo ésta una observación aguda del analista Ernst júnger- tiene una referencia escatológica oculta. La designación de "pseudo-orden" es también atinente en el sentido de que tiene éxito el "engaño", siendo desde luego un elemento de la profecía sobre el fin el que la "desolación del orden" del Anticristo se considere como un verdadero y auténtico orden. La concepción de un andamiaje social puramente organizativo, en el que "funciona sin estridencias" todo "lo técnico", desde la producción de bienes hasta la higiene, y que en el fondo sigue siendo un entramado de desorden, es una idea que no está lejos de la experiencia contemporánea. Tal vez el pseudo-orden del reinado del Anticristo después de un tiempo de "desórdenes" en grado máximo, como los que según el sentir de Toynbee suelen proceder al establecimiento de un Estado universal, será saludado como una liberación (con lo que una vez más se confirmaría precisamente el carácter del Anticristo como un Pseudo-Cristo).
Otro de los rasgos que se ha de atribuir al Anticristo es el de una figura, cuyo poder político se extiende a toda la humanidad. Es el señor del mundo. En el mismo instante en que se haga posible el dominio universal en sentido pleno, también será realmente posible el Anticristo. A ello responde el otro estado de cosas inherente: el mensaje cristiano llegará a conocimiento de la totalidad de los pueblos de la tierra políticamente colonizados: "Este evangelio del reino será predicado en toda la tierra como testimonio para todos los pueblos; y entonces llegará el fin" (Mt, 24, 14). Esto la teología no lo entiende en el sentido de que la religión cristiana tenga que reportar una victoria sobre el mundo, sino como un estado de cosas en que será posible (y hasta apremiante) tomar una decisión a favor o en contra de Cristo en toda la faz del planeta. Es necesario evitar aquí un malentendido: la doctrina tradicional del Anticristo no dice que no pueda darse ninguna soberanía universal fuera del Anticristo. La constitución de un Estado universal, como la que pareció intentarse con un alcance histórico en los años posteriores a la segunda Guerra Mundial, puede muy bien convertirse algún día en un legítimo objetivo de la actividad política. Se ha dicho, por lo demás, que con ello la humanidad entrará en un nuevo "estado de agregación", en un estado en que el reinado del Anticristo resulta posible y en un sentido incomparablemente agudo: "una organización mundial podría traer la más funesta e insuperable de todas las tiranías con el establecimiento definitivo del reinado del Anticristo" (una frase que ya se ha citado).
Desde esta perspectiva adquiere especial importancia otra afirmación acerca del Anticristo, contenida asimismo en la tradición. El Anticristo llevará a cabo sobre la Tierra una increíble potenciación del poder, y ello no sólo en extensión sino sobre todo en intensidad. El Estado mundial del Anticristo será un Estado totalitario en un sentido extremo. Lo cual, sin embargo, no está condicionado únicamente por el afán de poder y la superbia del propio Anticristo, sino también por la
naturaleza misma del Estado mundial. Trocarse de la noche a la mañana en un Estado totalitario es el peligro interno de un imperio mundial, peligro que viene dado directamente con la misma forma de montaje, un imperio que per definitionem no tiene vecinos, y ello coincide de repente con las islas políticas de las utopías. He aquí lo que el historiador Iiberal Edward Gibbon dice del Imperium.Romanum: en él pudo arrancarse de raíz la libertad "porque no había ninguna posibilidad de huir"; "si la soberanía caía en manos de un solo individuo, el mundo entero se convertía en una prisión segura para sus enemigos". Con ello enlaza justamente la conclusión consignada en un diario de la última guerra: en contra de la "organización mundial unitaria" -que sin duda va a llegar- "desde el punto de vista de la libertad se puede objetar que ya no habría lugar alguno al que se pudiera emigrar". El reverso del ideal kantiano, que desde luego se lograría en un Estado universal, y es que ya no habría propiamente guerras "exteriores", estaría en que en lugar de la guerra entrarían las acciones policiales, que muy bien podrían adoptar el carácter de campaña contra los animales dañinos.
Esa tendencia, condicionada por su misma estructura, de una organización mundial a convertirse en "totalitaria" es algo que se viene repitiendo una y otra vez desde hace largo tiempo, aunque su valoración puede ser tanto positiva como negativa. Ahí está la frase de Lenin: "Toda la sociedad se convertirá en una oficina y en una fábrica con el mismo trabajo e igual salario"; y ahí está el "socialismo organizativo" que saluda al "ejército mundial de los trabajadores" como un Estado universal que está llegando. Ahí están, por otro lado, las últimas cartas del anciano Jacob Burckhardt a Friedrich von Preen, en las que le habla de "la gran autoridad venidera", a la que nadie conoce ni se conoce ella misma, pero a cuyo servicio trabaja ya el radicalismo que todo lo nivela, y ahí está, finalmente, la frase de un político moderno: "El mundo evoluciona hacia un centro de poder absoluto, hacia un absolutismo universal". Y por lo que respecta a los propósitos de "resistencia de la libertad" recientemente se ha expresado la sospecha que sin duda alguna se ha cumplido en el sentimiento de futuro de muchos coetáneos clarividentes: "De cualquier lucha por el mantenimiento de la libertad la substancia de esa libertad sale un tanto disminuida, porque para poder defenderla de una manera realmente eficaz contra sus enemigos, hay que prescindir de una parte de la misma, y esa parte ya no se recupera".
En la esencia de un imperio, que aúna a reinos y pueblos desarrollados y en la esencia del César -así lo dice Erik Peterson- entra el que salten las instituciones; es decir, la disolución de las formas de vida social arraigadas en la tradición y su sustitución por nuevas formas e instituciones políticas; cosa que se puede ver ya en la configuración interna del Imperium Romanum (gritaban los judíos: No tenemos más rey que al César). Pero como se abandona "la base de lo institucional en el imperium", por eso surgen también y ante todo una situación, en principio nueva, dentro del ámbito religioso. La imagen del acuerdo entre Iglesia y Estado, "que se contraponen como dos instituciones y que como tales instituciones tienen también que encontrar un modus vivendi", es una imagen que, como dice Peterson, pierde su validez en
el imperium. Y ya no se trata de un arreglo, sino de una "lucha": "El culto de los viejos dioses estatales podía ser tolerante, el culto imperial tenía que ser necesariamente intolerante". En este análisis, que apunta mucho más allá de su objeto inmediato, se señala algo acerca de la situación interna de un imperio mundial escatológico, cuyas formas previas no resultan extrañas por completo al hombre contemporáneo. Con la estructura del imperio universal parece incluso imponerse diríamos que una oportunidad negativa de que la posición pública de la Iglesia cambie como en virtud de un proceso de mutación. Ya no existe la posibilidad de conformar las ordenanzas públicas desde el ámbito de lo sagrado, sino que frente a un poder absoluto, sumamente potenciado y al que no limita ningún vínculo tradicional, la Iglesia se encuentra en el papel de la ecclesia martyrum.
Ese peligro, que se podría decir condicionado por las mismas circunstancias objetivas, se agudiza realmente ahora -así lo dice la tradición- hasta sus límites extremos por la persona del Anticristo, que llega por encargo del ángel caído por una voluntad de poder, y en cuyas "proclamas egoístas alcanza su culminación demoníaca la historia de la autoapoteosis humana", y que precisamente es aceptado justo en razón de su pretensión extrema de poder: " Si viniera algún otro en nombre propio, a ése sí le recibiríais" (Jn, 5, 43). 

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martes, 21 de julio de 2015

EL VAMPIRO



Anfitrión  Johan Liebhart
 EL VAMPIRO 

En este primer post quiero presentarles la bella  ópera "Der Vampyr" que estoy seguro  hará  las delicias de todos los  que  visitan  la  Quinta Anormal






De  Heinrich Marschner
       

  Durante  el siglo XIX se desarrolló en Alemania  un  fuerte movimiento des-italianizante que  marcó profundamente tanto la filosofía como  el arte de esta  agitada época.  En la  música, y la ópera, en especial, se buscó inspiración en temas  netamente  nórdicos, en sus  propias  mitologías, leyendas, folclor o simplemente,  personajes populares. En este ambiente dio a luz esta obra aterradora  y fascinante: Der Vampyr, (el Vampiro) de  Heinrich Marschner.
       

Origen

         La información dice que esta particular ópera tiene una fase embrionaria en el cuento “El Vampiro” del médico John  Polidori,  conocido más  que nada por ser el galeno personal del poeta inglés George Gordon, cuyo nombre literario fue  “Lord Byron”. Se cuenta (más  que  se  sabe) que en una reunión única donde se encontraban el mismo Byron, los  Shelley, Claire  Clairmont  y el propio  Polidori, junto al lago Leman, hicieron una apuesta: escribir la historia más  espeluznante  jamás contada. De entre estas historias la más popular resultó ser la imprescindible “Frankestein” de Mary Shelley. Sin embargo, el cuento de Polidori es nada despreciable pues se convirtió en un referente obligado para la subsiguiente producción europea  sobre el tema vampiresco.


Heinrich Marschner

         Este compositor por vocación y abogado de formación (1795 – 1861) junto con ser  profundamente influido por la ópera nacionalista de Carl Maria von Weber, influyó positivamente en el joven Richard Wagner quien corrigió y dirigió varias de las obras de Marschner, sobre todo El Vampiro. Nuestro autor puede catalogarse como  un puente en los esfuerzos de des-italianización anhelada por Weber y el wagnerismo que se impondrá con fuerza hasta  nuestros  días. El músico tuvo una producción interesante, incluso disfrutó del éxito no pocas veces, pero el haber aparecido entre dos figuras tan  sublimes lo terminará por eclipsar. De toda su producción “El Vampiro” es  la  más  conocida, aunque también  debería  nombrarse “Hans Heiling”, de la cual trataremos en otro post.

La Obra
         Marschner utilizó el libreto  de  Wilhelm Wohlbrück a partir de una obra de teatro basada en el cuento de Polidori. El estreno en 1828 fue un éxito. Básicamente la historia  trata de un Oscuro ser de la noche, Ruthven, que  debe seducir a tres doncellas y luego quitarles la vida si quiere alargar su vida de  vampiro un año más.  Logra conseguirlo con dos  jovencitas, pero con la  tercera, el verdadero amor de la pareja romántica (Aubry y Malwina), termina por  derrotar al  oscuro ser y destruirlo.

 
         Tiene un libreto muy entretenido y una música intensa y dinámica que no permite en ningún momento el aburrimiento o el letargo. Para aquellos  que  deseen una muestra de esta bella  obra pueden escuchar su potente obertura  que  encierra  el leit motiv que se aprecia en toda la producción.

         Para aquellos  no aficionados a la ópera,  motivamos primero la amena lectura del libreto y luego pasar a disfrutar de las melodías de esta ópera tan sui géneris.

Para escuchar la  obertura  Pinche aquí
Para escuchar la ópera completa  Pinche aquí
Para leer el libreto completo  Pinche aquí